Los  humanos siempre hemos querido volar, levantar los pies del suelo y movernos en el aire; pero, hasta que nos crezcan alas, los actos aéreos seguirán siendo la mejor manera de realizar este anhelo.

Volar nos atrae y al mismo tiempo nos aterra. Todos conocemos la sensación, pues la hemos soñado, por eso con el aerealismo nuestro corazón da vuelcos entre la ilusión y el miedo.  Nos embelesa el ingrávido artista que desarrolla su rutina en las alturas, pero no podemos dejar de pensar en el malogrado vuelo de Ícaro.

“Hay mucho ejercicios que se realizan con aparatos suspendidos en el aire, a diferentes alturas. Y el género que abarcan es tan amplio como el arte circense mismo: los artistas están en constante creación de nuevos aparatos, modificaciones a los tradicionales, en la invención y ensayos de nuevos ejercicios y efectos. Por esto ya se dijo, aquí no se puede encasillar.

Sin embargo, para facilitar las identificaciones genéricas, llamaremos aerealistas a los acróbatas aéreos (…) En fin, esos cuyos pies sólo tocan el suelo cuando han terminado su número, la totalidad del cual se realiza en las alturas.” (Gloria Fuentes, CIRCA CURCUS)

 

La primer atracción aérea en los programas de los nacientes circos y anfiteatros europeos del siglo XVIII fue la cuerda volante. A partir de 1850 comienzan a verse gimnastas en los circos, presentando actos de anillas, cuerda lisa y trapecio fijo. En 1859 un suceso marcaría el desarrollo del circo, la presentación de los trapecios volantes de Jules Léotard en el Circo Napoléon. Tras la invención de  los trapecios volantes, hubo un boom del aerealismo, de modo que surgieron una importante variedad de nuevos actos. A partir de la popularización de las telas desde comienzos del nuevo siglo, hemos vivido un nuevo boom de las disciplinas y los aparatos aéreos, dando lugar a algunas novedades, y sobre todo a que se redescubran y reinventen muchas atracciones aéreas.

 

TRAPECIO

A la sociedad decimonónica le gustaba la gimnasia, no es de extrañarse que tuvieran éxito en los circos los actos anillas, cuerda y trapecio que comenzaron a presentarse a mediados de siglo. Pero fue el trapecio el que obtuvo un sito especial entre la afición del público, instalándose con tanta fuerza que moldeó el desarrollo del circo.

Ciertamente, hay una parte del aerealismo que viene de la marinería, como la cuerda lisa o la red (es fácil imaginar la ágil y atrevida maniobra de un marinero por lo alto de los aparejos convertida en un espectáculo en tierra); pero es el trapecio el responsable de que los aparejos en la cúpula de un circo sean de una complejidad tal que nos hacen evocar los de una embarcación a vela.

Aunque pueda sonar sorprendente, se considera que la cuerda floja es un antecesor del trapecio. Los funambulistas comenzaron a utlilizar la cuerda floja como cuerda volante, y muchas de las figuras figuras que realizaban allí fueron incorporadas posteriormente en el trapecio. El trángulo móvil, un aparato que usaban los funambulistas italianos en el S. XVIII (y que no era otra cosa que lo que hay llamamos trapecio “a un punto”), fue el que dio el primer paso hacia la gimnasia de la mano del tratado de Gimnástica Elemental publicado por Clias en 1819.

 

<<El trapecio representa uno de los aparatos más genuinos de la gimnástica amorosiana. La invención del trapecio fue atribuida al mismo Amorós[1], pero esta patente le llevó a una discusión técnico bizantina con su colega Clias. Asimismo, y en años posteriores, el trapecio sucitó una de las controversias técnicas y metodológicas más importantes a las que se enfrentó el sistema amorosiano.

El trapecio fue rápidamente absorbido por los grupos gimnásticos que se dedicaron al espectáculo acrobático y funambulesco. Los “volatines”, tal y como se les conoció en la época, fueron los que se prodigaron en el uso y abuso de este elemento. Los saltos mortales también fueron acompañados de graves desgracias, hecho concomitante que asoció el trapecio y este tipo de gimnástica al miedo de la gente y a practicar en los gimnasios. El gimnasio fue el centro de preparación de estos grupos circenes y ello dio lugar a confundir vulgarmente la gimnástica con el espectáculo y con el riesgo. No obstante, el trapecio fue incorporado como elemento imprescindible en muchos de los establecimientos gimnásticos del siglo XIX. Al respecto, Antonio Moratones (1863) decía que Amorós modificó, en la época de su residencia en Madrid hacia 1806, el antiguo triángulo, inventado por unos acróbatas italianos, para que pudiera ser útil en la ginmástica higiénica. Moratones comentaba que, con la nueva modificación del trapecio, se había convertido en “uno de los aparatos que sirven en gimnasia tanto por la utilidad que reportan sus ejercicios a los individuos que lo ejecutan como por la sencillez del mismo”.

 

[En la obra de Amorós, se describe el trapecio como uno de los aparatos de gimnasia, pero siempre en sentido utilitario (civil o militar) y médico u ortopédico pero en ningún caso escénico o funambulesco, aspecto que despreciaba y rechazaba radicalmente; dicho en sus propias palabras: "nuestro método finaliza donde el fonambulismo comienza, y éste comienza donde la utilidad del ejercicio cesa"]


Años más tarde, ante el uso indiscriminado del trapecio, el médico Sebastián Busqué (1865) se encargó de desacreditar este aparato, con la intención de desterrarlo definitivamente de los gimnasios, puesto que era considerado, antes que nada, como un elemento producto del acrobatismo.>>[2]

 

El trapecio continuó siendo un elemento popular en los gimnasios hasta los años 30's del siglo XX, cuando finalmente fue apartado de la gimnasia por "razones de seguridad".[3]

<<A partir de la propuesta amorosiana, por tanto, se produce la difusión del trapecio tanto  fijo como móvil como aparato gimnástico; principalmente en Francia.

La incorporación del trapecio al circo se atribuye directamente a un alumno de Amorós, Henri Maîtrejean, director del circo Napoléon, que lo utilizaba como aparato fijo junto con las cuerdas paralelas en los años 1850.

Por su parte, al gran Jules Léotard (creador del trapecio volante) lo inició su padre, también antiguo alumno de Amorós y profesor y dueño de un gimnasio en Toulouse donde pudo practicar desde muy joven Léotard.En este momento histórico la comunicación entre los profesionales del circo y los profesores de gimnasia en gimnasios públicos o privado se produce con una transferencia de los últimos a los primeros: no pocos artistas aprendieron la técnica del trapecio de los profesores de gimnasia.

La diversificación del trapecio: 

 

Como ocurre con otros aparatos utilizados en el circo, donde no existe codificación alguna que limite los números y donde la variedad y la originalidad no son sancionadas sino apreciadas, el trapecio ha sufrido en su siglo y medio de vida circense un notorio desarrollo desde los puntos de vista técnico y estético generando distintas especialidades en relación directa con la diversificación en las formas y materiales de construcción y diseño.

El trapecio volante se considera sin duda la evolución más espectacular de este aparato (JACOB, P. 1996): a partir de la base técnica impecable de su creador Jules Léotard se fueron complicando los giros realizados en las sueltas gracias al entusiasmo con que fue acogido por las troupes americanas a partir de 1880, fecha en la que en Europa ya empezaba a declinar en el contexto gimnástico.>>[4]


Hay que recordar que el trapecio volante que inventó Léotard constaba úncamente de trapecios, es decir que el acróbata pasaba de uno a otro con sus propias manos; es justamente a partir de 1880, y principalmente en los EEUU, que comienzan a surgir los actos de trapecio volante con portor (catcher) y ligero (flyer).

[1] Francisco Amorós (1770 – 1848), pedagogo y militar español. Creador de un importante sistema de gimnasia.

FRANCISCO AMORÓS EL PRIMER GIMNASIARCA ESPAÑOL:

http://museodeljuego.org/wp-content/uploads/contenidos_0000001391_docu1.pdf

https://ramonchao.wordpress.com/2012/09/27/francisco-amoros-iniciador-de-la-gimnasia/

LA CONTRIBUCIÓN DEL GIMNASIARCA AMORÓS

[2]-fragmento- GIMNÁSTICA Y EDUCACIÓN FÍSICA EN LA SOCIEDAD ESPOÑALA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIBLO XIX. Xavier Torrebadella i Flix. Edicions de la Universitat de Lleida, Lleida, 2013

[3] Women and Sport: Interdisciplinary Perspectives. D. Margaret Costa,Sharon Ruth Guthrie

[4]-fragmento- Trapecio - http://www.geocities.ws/cj_ayekan/trapecio.htm

 

CUERDA VOLANTE

Esta es una de las disciplinas aéreas viejas, ya en el siglo XII la practicaban los funambulistas en Europa.  En México forma parte de las expresiones de tipo circense tradicionales, de la Maroma Indígena. De allí que la llamemos Hamaca India.

 

Fue la primer atracción aérea en los programas de los nacientes circos y anfiteatros europeos del siglo XVIII

 

En la imagen, maromeros zapotecos de Santa Teresa Zochiapa y su cuerda volante en la pista del Circo Atayde Hnos, en la Ciudad de México, en un encuentro sin igual entre la maroma indígena y el circo tradicional.

 

TELAS

En el circo, la historia suele estar mitificada y cubierta por un manto de misterio, y eso es bueno, le otorga una cierta poesía. Aunque, claro está, bajo su abrigo tienden a cobijarse muchas verdades erróneas (por llamarlas de algún modo).

En común escuchar que las “Telas” fueron inventadas por el Soleil; pero las palabras del Cirque Du Soleil no son exactamente esas, aunque dice que el hombre al que el nuevo circo le debe esta disciplina es un miembro de su equipo: André Simard (“The man to whom the new circus arts owe the ‘aerial silk’ discipline” https://www.cirquedusoleil.com/en/jobs/casting/team/mentor/andre-simard.aspx)

 

Otros dicen que fueron inventadas en una escuela de circo en Francia, más precisamente por Gérard Fasoli; así lo afirma claramente en su página web la École National de Cirque (Montreal, Canadá) (http://ecolenationaledecirque.ca/fr/lecole/disciplines-de-cirque#acrobatie-aerienne)

El Centro Nacional de artes de Circo de Francia, del que Fasoli es actualmente director general, matiza un poco la sentencia, diciendo que él es el inventor de una nueva técnica de trabajo aéreo en telas (“Il est par ailleurs l'inventeur d’une nouvelle technique de travail aérien dans des tissus” http://www.cnac.fr/cnac-635--La_Presidence_et_la_Direction_du_Cnac)

 

Independientemente de quién inventó la disciplina o quién desarrolló la técnica, lo cierto es que el espectáculo Quidam, de 1996, fue el disparador de la popularización de este aparato, exhibiéndolo de forma masiva alrededor del mundo; en los años siguientes hemos visto como el uso de las telas se ha difundido no sólo en el circo, sino en escuelas, gimnasios, estudios de danza, e incluso en los parques, donde la gente las cuelga de un árbol para subirse a ellas.

La imagen que vemos es una fotografía de Amy La Van a comienzos de la década del 1900; Amy, cuyo apellido de soltera era Bowers, nació en Philadelphia (EEUU) en 1871, y junto a su marido Harry Green formaban parte de la troupe de aerealistas The Flying La Vans, en la que realizaba diversas disciplinas aéreas, como la tela que se ve en la foto (aunque suponemos que la técnica debe haber sido más cercana a la cuerda lisa). [http://www.mchistory.org/perch/resources/fred-and-harry-green-the-flying-lavans-2013.pdf]

 

TRAPECIOS VOLANTES

Es reconocido y aceptado que el creador de los trapecios volantes fue Jules Léotard (de quien ya hablamos en la ficha sobre el trapecio), cuyo acto fue presentado en el parisino Cirque Napoléon el 12 de noviembre 1859, fascinando al público con su impresionante vuelo y marcando un hito en la historia circense.

Los ejercicios acrobáticos de Léotard eran más bien sencillos, sin embargo gracias a su estilo, y a la importante distancia que separaba un trapecio del otro, daba la impresión de desplazarse por aire “volando”.

Tras el enorme éxito de Léotard, surgió una importante cantidad de actos de trapecios volantes; el aparato y la técnica evolucionaron de la mano, rápidamente dejaron de usarse 3 trapecios, como lo hacía Léotard, para quedarse con la fórmula que hoy conocemos de 2 trapecios, en las múltiples troupes que existieron en las últimas décadas del siglo XIX había quienes ejecutaban el doble salto mortal de una barra a la otra. Los actos de este tipo eran denominados Trapecio a la Léotard.

Léotard desarrolló su técnica sobre una piscina (lo que le permitió no morir en el intento), pero para presentar su acto ocupaba una plataforma acolchonada para amortiguar las caídas, esta plataforma fue pronto sustituida por una red, que a la fecha es indisociable de los trapecios volantes.

Es a partir de 1880, y principalmente en los EEUU que comienzan a surgir los actos de trapecio volante con portor (catcher) y ligero (flyer). Con la incorporación del portor comienzan los intrépidos trapecistas la tenaz persecución del triple salto mortal (de la barra a las manos del catcher) bajo las enormes carpas norteamericanas.La primer persona ejecutar esta hazaña fue la joven Lena Jordan (de origen ruso), integrante de la troupe The Flying Jordans, en 1897 (algunas fuentes dicen que fue en 1896, algunas incluso dicen que antes que ella lo hizo su hermana Nellie).

Ernie Clarck (Ernest) fue el primer hombre en hacer un triple (1910), y fue parte del repertorio que presentaba con su hermano Charles, juntos se llamaban The Clarckonians. Estos ingleses, que a comienzos de siglo trabajaban en el Ringling Bros.,  tenían un espectacular acto con únicamente dos personas, pero el triple fallaba mucho y les provocaba un gran desgaste físico (Ernie tenía 36 años cuando alcanzó este truco), así que finalmente lo eliminaron de su repertorio.

 

El triple salto mortal en los trapecios, si bien fue fugazmente alcanzando por algunos, se mantuvo indómito hasta 1920, cuando los Hermanos Codona lo debutaron en la apertura de temporada del Sells-Floto Circus, en el Coliseo de Chicago. El 3 de Abril de 1920 es recordado como la fecha en que el humano dominó este truco.

El gran Alfredo Codona realizaba el ejercicio a la perfección, y con gracia inigualable, él y su hermano lograban exitosamente 9 de 10 intentos de un truco que hasta entonces se consideraba <<casi imposible>>.

La llegada de los Codona al Cirque D’Hiver en 1925 fue igual de sensacional que la de Léotard 66 atrás. ¡Es increíble el desarrollo de los trapecios volantes y su técnica en ese lapso de tiempo!

Los hermanos Codona fueron las más grandes estrellas del circo en la primera mitad del siglo XX; y después de ellos vinieron otros trapecistas mexicanos de talla extraordinaria cuyos logros quedarán para siempre grabados en la historia.

No podemos dejar de mencionar aquí a Tito Gaona, de los Flying Gaonas, que perfeccionó tanto el triple que lo hacía con los ojos vendados; además de haber sido el primero en presentar el “doble doble” (doble mortal extendido con doble pirueta) en 1968.

Por su parte, Miguel Ángel Vázquez realizó el primer triple con full en 1981, pero sería al año siguiente, el 10 de julio de 1982 cuando presente con éxito por primera vez el cuádruple salto mortal recibido por el catcher, su hermano Juan.

Imagen 1: Los Flying Codona en el Mertram Mills Circus (1925/1926).

Imagen 2: Tito Gaona en el Ringling Bros. (1978)

 

GLOBO DE LA MUERTE

Las motocicletas, los caballos de acero, encontraron muy rápidamente su lugar en el mundo del espectáculo, el camino lo había dejado trazado su ancestro inmediato: la bicicleta. De modo que en base a las pistas desmontables que ya se usaban para éstas, se desarrollaron variantes aprovechando las nuevas posibilidades que brindaron los aumentos de peso y velocidad de los ciclos motorizados: en el primer tercio del siglo XX se pusieron de moda (principalmente en EEUU y en Inglaterra) las pistas horizontales wall of death y posteriormente las esferas globe of death.

 

El “muro de la muerte” prácticamente ha desaparecido, se llega a ver como algo vintage (usando motos antiguas), excepto en India y Pakistán, donde se llama Maut ka Kuaa, y aún es una atracción popular (con motos y autos).

 

El globo de la muerte en cambio, mucho más pequeño, fácil de transportar y práctico para que el público lo vea (dentro de un circo por ejemplo) continuó siendo popular en muchos países, y conforme las motos mejoraron también avanzó este espectáculo, aumentando la cantidad de motos dentro de la misma esfera (¡hasta 10!) y complejizando el aparato (¡como los que se dividen mientras las motos dan vueltas dentro!).

 

Es un acto riesgoso, impactante y adrenalínico.

 

CONTORSIONISMO

Lo bello siempre es extraño

(Baudelaire)

Extraño: [adjetivo]

Que es muy distinto de lo habitual, natural o normal y tiene algo de extraordinario o inexplicable que excita la curiosidad, sorpresa o admiración.

Esta disciplina ha existido desde el inicio de las civilizaciones, y habiendo estado fuertemente ligada a la danza y a diferentes rituales religiosos o sociales, se integró naturalmente al mundo del espectáculo, particularmente al circo.

 

Si bien el desarrollo de las habilidades de contorsión requiere de aprendizaje y ensayo disciplinado y perseverante, como cualquier disciplina circense, resulta especialmente importante la predisposición física del practicante. Y esto podría tener que ver con el hecho de que existieran contorsionistas desde antes de que desarrollaran las técnicas de contorsión, pues siempre ha habido personas con una flexibilidad extraordinaria.

 

La capacidad casi sobrehumana de doblarse, torcerse y dislocarse cautiva siempre a los espectadores, provocando a la vez admiración y un cierto desasosiego (¿cómo puede hacer eso sin lastimarse?). Por ésto es tan importante que el contorsionista mantenga una sonrisa mientras adopta las posturas más asombrosas e innaturales; cosa que además es una muestra de maestría, pues hablamos de posturas que están lejos de ser cómodas; resultaría un espectáculo grotesco si el rostro del contorsionista se volviese una mueca de sufrimiento.

 

Por su extrañeza, el contorsionismo pudo pertenecer al “side show”, afortunadamente en el circo triunfó el arte y la belleza de formas. Dejamos aquí una curiosa cita del Inter Ocean (Chicago, 1886):

The performers of what are known as “contortion acts” are ordinarily emaciated, loosely jointed persons, like ill-made manikins that have a tendency to tumble down in heaps, and their doing of unnatural and preposterous things with their vertebrae and limbs seems easy enough for such creatures, who have no muscle to get in the way of the bones that they fling so carelessly about. Hence it is rather surprising to see a person who is a model of physical perfection do these same feats, and when that person happens to be an extraordinarily beautiful young woman, graceful in every movement as a kitten or an infant, with the perfect form of an ideal Venus and the strength of a young lioness, surprise blends most happily with admiration.

"El acróbata de Tlalilco" del periodo preclásico medio: 1200-600 a.C. 

Una de las más bellas expresiones del arte prehispánico

Av. Hidalgo No. 195, Tlalpan, Unidad Habitacional Fuentes Brotantes, San Andrés Totoltepec, 14410  

CDMX  México

DOKUCIRCO

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